Industria

La gente paga bien, pero recibe poco

Cerca del 90 por ciento de propietarios de carros pagaron sus impuestos, en contraste, la seguridad y el pésimo estado de las vías no mejoran.

Por Redacción Vehículos

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Hueco Bogotá 1

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La Secretaría de Hacienda de Bogotá reportó que hasta el pasado 25 de julio los propietarios de carros pagaron 732.000 millones de pesos por concepto de impuesto de vehículos. La meta de recaudo para este año es de 837.000 millones de pesos, que corresponden a 2,2 millones de vehículos y motos matriculados en la capital.

La cifra es interesante no solo por la cuantía, sino por la cultura de pago, la responsabilidad y el compromiso de los dueños de carros en materia de impuestos con la ciudad, situación que contrasta con lo poco que los usuarios reciben a cambio y que se ve reflejado en el mal estado de las vías, las dificultades del tráfico y la inseguridad, tal como se quejan en las redes sociales.

Y aunque a la alcaldesa Claudia López no le falta razón al decir que hay otras prioridades por la crisis económica generada por la pandemia, su respuesta al empresario Mario Hernández –quien le reclamó en Twitter por el mal el estado de las calles– señalando que los ‘rines de los lujosos carros’ pueden esperar, refleja el desdén con el que las administraciones han tratado al carro particular y a sus propietarios.

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Por esto llama la atención que las calles y avenidas de la capital, ya de por sí atorada por los enormes cráteres que tienen que sortear conductores y motociclistas, se están inundando de otros elementos reductores de velocidad de todo tipo, fabricados en gravilla, caucho y plástico. A lo que hay que agregarle los espacios que se cedieron para estacionar patinetas, que hoy permanecen vacíos, sin uso, y ocasionando trancones por la reducción de las calzadas en varias localidades.

Es claro que cada uno de estos elementos cumple una función específica para mitigar y pacificar el tráfico, evitar accidentes y cuidar la vida de todos los actores viales. Lo que no está claro es la calidad de los materiales, que a los pocos meses ya están en mal estado, deteriorados o destruidos, ni cuánto les ha costado esto a los contribuyentes.

Solo en el 2017 se habían intervenido con este tipo de controles de velocidad 7.263 sectores de la ciudad, con una inversión de 21.000 millones de pesos. Y entre los años 2013 y 2020, Bogotá ha firmado 23 contratos de demarcación vial vertical y horizontal en diferentes localidades por un valor superior a los 155.000 millones de pesos.

Recientemente, el secretario de Movilidad de Bogotá anunció que esa dependencia avanza en los estudios y pruebas para instalar en las ‘cámaras salvavidas’ –que les costaron a los bogotanos más de 40.000 millones de pesos– un sistema de reconocimiento facial, una tecnología que nadie sabe cuánto puede costar y si sería capaz de actuar sobre los tapabocas y anteojos, pues aparentemente funciona con la identificación de los ojos como sucede en los controles de aeropuertos. Lo cual nos lleva a la pregunta de si esto es prioritario en las actuales circunstancias como dice la alcaldesa, en vez de invertir algo en la destruida red vial de la ciudad en la cual han trabajado, pero el déficit es enorme.

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A las autoridades de Bogotá se les escapa un punto clave: no se trata solamente de los ‘rines’. Las congestiones impactan la productividad y la economía de la ciudad, el estado de las vías, y las deficientes alternativas de transporte juegan en contra del tiempo de los usuarios.

Incluso, olvidan recomendaciones hechas por expertos, o no las tienen en cuenta. “Es por lo tanto que el valor del tiempo de los usuarios resulta ser una de las principales variables en el análisis de la congestión y sus costos”.

Esto señala un estudio de la Universidad de los Andes sobre los cobros por congestión. “Considerando la importancia del valor del tiempo en la evaluación de proyectos de transporte, es fundamental que esta variable obtenga la atención necesaria, desde su estimación hasta su aplicación y utilización”.

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A propósito del ‘pico y placa solidario’, como llama la Secretaría de Movilidad a los cobros por congestión, los reportes de la entidad indican que 6.900 personas han inscrito sus vehículos para obtener el beneficio de circular en los horarios de restricción durante seis meses, pagando una suma de 2’066.000 pesos. Esto indica que no ha tenido una acogida masiva como esperaban.

Por esto están evaluando la posibilidad de ampliar las opciones para que la excepción se pueda pagar por meses, semanas, días o por viajes de acuerdo con lo que elija el dueño del vehículo.

Además consideran varias tarifas porque según la entidad “no puede pagar lo mismo una persona de un Renault 4 que una persona que tiene un Mercedes último modelo”. Lo cual no se explica fácilmente porque la congestión se produce por el espacio que cada auto ocupa y, en ese sentido, aunque sean diferentes, el espacio en la vía es básicamente el mismo.

Esto deja entrever que en las consideraciones para implementar los cobros por congestión pesan más el componente económico y el recaudo que buscar beneficios como lo recomiendan los estudios, tales como la reducción de congestión, del volumen de vehículos en la hora pico, mejora de velocidad, aumento de la confiabilidad, promoción de usos alternativos más sostenibles, u objetivos ambientales como la reducción de emisiones de gases.

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