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Prueba de manejo a la Volvo C40 Recharge, una ‘centella’ eléctrica

El aspecto y la capacidad atlética de la Volvo C40 van de la mano. Es audaz y ágil, se pierde como una exhalación en el horizonte y cuando se detiene, pocos son capaces de no mirarla y detenerse para ‘darle una vuelta’. Entra a cada curva como una dama, sin importar la velocidad y la vida que ofrece abordo es de clase ejecutiva.

Por Giovanni Avendaño

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Revisión rápida a las principales carácterísticas de la nueva Volvo C40 Recharge:

La prueba de la nueva Volvo C40 Recharge, la camioneta 100% eléctrica de la marca sueca, comenzó temprano, bajo la gasa de una fría mañana en Ciudad de México. Más de 35 unidades estaban listas en las afueras del hotel para ir recibiendo a los periodistas, mientras alguno de ellos y decenas de curiosos se acercaban para tomarles fotos a las protagonistas, pues su carrocería es una mezcla de curvas sensuales, líneas modernas, un frente estilizado y cerrado, y una vista posterior muy deportiva y atrevida con señales inéditas como ‘stops’ muy largos y delgados, dos spoilers y una caída del techo pronunciada. Por dónde se le vea, atrae miradas como la ‘miel a las moscas’.

Una vez a dentro de la Volvo C40, lo primero que llama la atención es su tablero digital de instrumentos de pantalla curva y gráficos e imágenes a todo color y luego los ojos repasan la enorme pantalla vertical empotrada en la consola central y sin ningún botón a mano. Evidentemente, se ingresa a una cabina de otro mundo. Solo el aire acondicionado, que tiene botones para su función, y el timón, los pedales y la palanca se corresponden con el pasado.

El puesto de mando parece el de una nave espacial con un espaldar delgadísimo y de formas sinuosas que sorprende por su comodidad y ergonomía y todos los materiales que están al alcance de la mano son suaves al tacto y exudan calidad premium a pesar de que el Volvo C40 es el primer vehículo de la marca sueca que no cuenta con cuero para el tapizado y en su lugar hay una mezcla de polímeros y otros materiales reciclados, como corcho y madera, cuya amalgama se siente fina.

La posición de manejo ofrece una vista estupenda de casi 180 grados, casi sin puntos ciegos, aunque si hay que intentar una maniobra de reversa, inmediatamente se nota la inutilidad del retrovisor interior, pues por la inclinación de la camioneta y los apoyacabezas no revela prácticamente nada.

Este último detalle se olvida con facilidad una vez se enciende el auto, pues cualquier objeto que se acerque por los cuatro puntos cardinales aparece en la pantalla central, junto con alertas visuales y sonidos, gracias al sistema 360 grados que advierte sobre cualquier obstáculo ‘invisible’. Este sistema, más el cúmulo de ayudas de conducción como la de tráfico cruzado, aproximación y demás radares, hacen que nada pase desapercibido al mando de la Volvo C40 Recharge.

Por ello hay confianza total al iniciar la marcha. Al más mínimo roce del pedal derecho la Volvo C40 Recharge acelera como una exhalación y pega al conductor y a su acompañante a los espaldares, transmitiendo la misma sensación que ofrece la ‘patada’ de un turbocargador a pulmón lleno y no es para menos, pues se viaja encima, literalmente, de 408 caballos de potencia y 660 Nm de torque que están siempre disponibles y que provienen de los dos motores eléctricos instalados en cada uno de sus ejes.

Y no solo arranca como una bala. Con una agilidad que borra sus más de 2.3 toneladas de peso, se puede maniobrar entre el tráfico como si se viajara en bicicleta y hace un slalom elegante y de centella para incorporarse de nuevo en una recta y retomar ese empuje al que poco a poco hay que irse acostumbrando, como una de las cualidades de los carros eléctricos.

Su dirección es precisa y dócil y la camioneta responde sin sobresaltos y su suspensión recibió un tratamiento especial para hacerla lo más cómoda posible y elimina la mayoría de los ruidos que se generan por las irregularidades de la superficie. Sin embargo, si por descuido se cae en un bache profundo, de los que hay muy pocos en la capital azteca, ahí de nuevo se siente el peso de la máquina y vuelve una vez más la sorpresa de que un carro con esta masa sea capaz de ser veloz. No por nada, la marca asegura que puede acelerar de 0 a 100 en solo 4.7 segundos.

Lo que sí hay en Ciudad de México son los mismos trancones que hay acá. Por ello, la marca programó su ruta hacia Cuernavaca por los viaductos, que son autopistas de ‘segundo piso’ a las que se accede pagando una cuota nada barata, unos 20 mil pesos aproximadamente, que permite recorrer más de 25 kilómetros para atravesar a la ciudad a mayor velocidad.

En esa verdadera autopista pudimos salir en pocos minutos del tránsito urbano, manejando al galope todos esos ‘caballos eléctricos’ sobre los que hay que tener un ojo encima porque en un pestañeo se podía sobrepasar los límites de velocidad. Pero esto también fue el momento oportuno para ir midiendo el poder de los frenos, que tienen un funcionamiento exacto, un recorrido suave y que permite dosificarlo, sin que lo mande a uno contra el panorámico.

En menos de media hora ya estamos en las carreteras circunvecinas de la capital mexicana y avanzamos ahora sí, por una ancha estela asfáltica de tres carriles que permite poner sin miedo el pedal derecho hasta el fondo. La Volvo C40 Recharge llega pronto a su límite, pues por orden de la marca que busca que no hayan muertos en los accidentes de sus carros para 2030, la velocidad está restringida electrónicamente a solo 180 kilómetros por hora. Por ello, casi no se siente cuando alcanza este tope, pues se llega muy rápido y en completo silencio, pero a partir de allí el pedal derecho se vuelve inservible y  pega hasta el fondo sin que la camioneta supere este registro.

A esas altas velocidades se siente todo el trabajo aerodinámico, tanto en el perfil como en los elementos especiales como los rines y los spoilers traseros, y basta bajar una ventana para darse cuenta de la insonorización y de la eliminación de turbulencias en toda la carrocería.

Poco a poco se acaban las rectas y empieza una pequeña carretera de montaña en donde la Volvo C40 Recharge trepa sin problema y demuestra que no le teme a las curvas a las que enfrenta como si estuviera amarrada a los vértices, trazando su trayectoria como con un compás, mientras que adentro el conductor ni siquiera siente las fuerzas laterales, pues los soportes laterales de las sillas abrazan y retienen el cuerpo y sus cojines son lo suficientemente mullidos.

Se avanza siempre con seguridad y confianza por el funcionamiento de la máquina que no tiene requiebros y siempre pareciera ir ‘in crescendo’ y todo este alegre andar se ambienta con la sensación a cielo abierto que transmite el techo panorámico al que le comprobamos que a pesar del sol y de los 32 grados afuera, retiene el 80 por ciento del calor y el 95 por ciento de los rayos UV.

Solo un pequeño trecho del camino resultó tener un destapado por el que pasó de nuevo sin problemas y sin quejas, aunque esta camioneta, que tiene tracción total permanente, no está hecha para el mundo fuera de carretera. Es un aparato eminentemente urbano. Así que no hay mucho que decir al respecto.

En cambio, el único punto que nos generó inquietud es uno que pertenece a su propia naturaleza. Al ser exigido y llevarlo a alta velocidad para esta prueba, la energía de la batería se agota con rapidez y va bajando a ritmo creciente.  Llegando al final de nuestro recorrido de 180 kilómetros llegamos con el 56 por ciento de la capacidad y faltaba el viaje de vuelta.

¿Y qué hubiera pasado si nos desviamos de camino o hubiéramos hecho otra ruta alternativa más larga para llegar al mismo punto y al final hubiera que regresar? Esa es la pregunta que aún queda por resolver en este tipo de carros eléctricos, pues todas las demás cualidades, en el caso de la Volvo C40 Recharge están probadas al máximo e incluso, generan mejores impresiones que en un vehículo convencional.

Sin embargo, aún hay ansiedad por la falta de infraestructura. Pues si no hay donde repostar al final de una ruta de 200 kilómetros sobreviene el miedo si hay que regresar pronto. En el caso de nuestra ruta en México, la logística tenía contemplado este detalle, por lo que una vez finalizado el primer trayecto llevaron a cargar todas las camionetas antes de regresar a Ciudad de México.

Pero y ¿si no tenemos donde enchufar la Volvo C40? Este hecho no es culpa de la marca, ni mucho menos de la camioneta que ofrece uno de los mayores rangos de autonomía con hasta 430 kilómetros. El pecado es del ‘medio ambiente' al que quiere proteger pero cuyo entorno aún no está lo suficientemente preparado para recibirla.

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