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McMurtry Spéirling, una turbina escondida

Un curioso aparato de apenas 3,6 metros de largo, pero movido por 1.000 kilovatios y pegado a la carretera por una turbina que succiona el aire que pasa por debajo del carro para crear una fuerza de dos toneladas, se robó el show y los récords del Festival de la Velocidad de Goodwood.

Por Revista Motor

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McMurtry Spéirling

McMurtry Spéirling

El Festival de la Velocidad que se hace cada año en la mítica pista de Goodwood, bien al sur de Londres, es más que una pura demostración del potencial u originalidad de carros de todos los orígenes, marcas e inventores que llegan con sus autos históricos, presentes o futuros, para demostrarlos o revivirlos ante una selecta y conocedora audiencia.

La prueba es efímera, pero no su impacto. Se trata de una pequeña subida en el terreno de la “finca” de Lord March, ahora duque de Richmond, quien además de criaderos de perros de sangre también azul, caballerizas, polo, hotel, aeródromo con los mejores aviones de guerra residentes y en demostración permanente, sostiene en un terreno de casi 5.000 hectáreas, autódromo, pista de rallys, pabellones de exhibición, zona de conciertos y las respectivas facilidades técnicas y logísticas para todos estos eventos.

En el acto central del Festival los carros deben trepar una cuesta, minúscula para nuestras dimensiones, porque la estrecha ruta apenas termina a 92,7 metros de altura con respecto a la partida, que está 1,89 kilómetros más atrás. Es una carretera demarcada en varios sitios por pacas de heno, como eran los circuitos de antaño, por la cual pasan los autos que están divididos en 30 grupos, para que quepan todas las razas y caballajes. Cada vehículo puede hacer dos intentos diarios. Unos evaporan la ruta de la colina, cuya pendiente es apenas de un 4,9 por ciento al máximo de sus fuerzas, otros se toman todo su tiempo para mostrar cuán precarios eran en sus épocas. Muchos la usan como pasarela.

Es posible ver los autos más caros del mundo de todos los tiempos y cargados de historia rotando por el escenario con aparatos banales, pero que los organizadores han juzgado de algún interés especial.

McMurtry Spéirling

Por supuesto, como es el ‘Festival of Speed’, también tiene una meta: ser el más rápido, y la demostración es que el récord lo tenía un Fórmula 1 McLaren MP4/13, en manos de Nick Heidfeld, en 1999, que subió la “montaña” en 41.6 segundos. Estaba vigente porque dada la emulación y las posibilidades de accidentes, los F1 pueden ir, pero solo a hacer ruido porque ya no se cronometran.

Sin embargo, no hay que tener un monoplaza cargado de alas y con las llantas enormes precalentadas para batir la marca. Eso lo logró el piloto Max Chilton, experto en la ruta, con un ingenioso y curioso automóvil llamado Spéirling, construido por la firma inglesa McMurtry, especialista en motores eléctricos y baterías de alta densidad, que tiene en sus entrañas una planta eléctrica capaz de entregar más de 1.000 caballos, pesa menos de la tonelada y lo mueve una turbina secreta, pues a nadie le mostraron el carro sin las tapas.

Una versión prototipo de este singular aparato ya se había visto, estático, en el Festival del año pasado y causó sorpresa que anunciaran que iban a batir el récord de la montaña, a lo largo de la cual alternan más de 120.000 espectadores en cada una de las tres jornadas del evento.

El Spéirling real, a la vista, no inspira nada ni mucho menos que sea una bala. Apenas mide 3,2 metros, o sea que es 20 centímetros más corto que un Chevrolet Spark, y apenas mide 1,5 metros de ancho porque es para una sola persona. Estimando que tiene un peso real de 1.000 kilos –no hay ficha técnica exacta de la marca– con esa potencia goza casi de un 40 por ciento más del empuje de un Bugatti Chiron. 

McMurtry Spéirling

Sin embargo, su gran virtud no radica en poner un motor monstruoso en un pequeño estuche de fibra de carbono, pues en la medida en que el carro es muy liviano, pequeño y sin ayudas aerodinámicas externas, es imposible aprovechar y poner en el piso todos esos kilovatios.

Para que ese bólido camine absolutamente pegado a la ruta y pueda hacer uso del empuje eléctrico, tiene internamente una turbina que succiona el aire, crea una depresión debajo del carro de tal manera que hay una fuerza que lo aplasta contra el pavimento estimada en dos toneladas, es decir, dos veces su peso.

De esta manera, se trajo de nuevo a un evento formal la antigua tesis desarrollada por el diseñador Gordon Murray en los Alfa Romeo de la F1 de 1978, que instaló dos ventiladores en la parte trasera del carro para acelerar el paso del aire por la parte inferior del vehículo. Esa carrera en Suecia la ganó Niki Lauda y el truco se mantiene invicto con la victoria del Spéirling 44 años después, porque ofrece unas ventajas enormes desde el punto de vista aerodinámico debido a que el apoyo o ‘downforce’ ya no depende del tamaño de las alas que le pongan al carro que, aunque generan carga, también son un enorme elemento de reducción de velocidad por su resistencia. 

Otra ventaja es que el efecto no está limitado a que haya alta velocidad sobre la carrocería para tener apoyo, ya que la turbina interna la opera el piloto cuando considera necesario su aporte para pegar el prototipo en las curvas y en las zonas de frenado, que es donde más se requiere poner carga en las llantas. En resumen, es la versión mecanizada de los pisos planos, los ductos de entrada y los difusores de salida del aire en la parte trasera sobre los cuales hoy caminan los F1.

McMurtry Spéirling

La aspiradora de los Alfa Romeo de 1978 fue suprimida por la dirección de la F1 debido a protestas de los equipos que no habían caído en la cuenta de este elemento y su potencial ventaja y argumentaron que se trataba de una pieza de influencia aerodinámica móvil que, en ese entonces y ahora, están prohibidas.

Por supuesto, la subida que hizo el Spéirling se convirtió en noticia mundial porque ahora Goodwood es la meca para la hinchada de la velocidad y con el crecimiento de los eventos se ha convertido también en un Salón del Automóvil, en el cual muchas marcas presentan sus nuevos vehículos.

¿Qué tan útil o práctico es el Spéirling? En la realidad, cero en ambos aspectos. Pero si antes nadie sabía de la firma creada por sir David McMurtry, irlandés, quien desarrolló los motores Rolls-Royce Olympus del Concorde, y en esta aventura secundado por el ingeniero Tom Yates –uno de los cerebros de AMG High Performance Powertrains, la empresa que hace los motores para los Mercedes F1–, ahora su nombre hace parte del vocabulario mundial de las nuevas tecnologías de las baterías, porque la turbina succionadora no tiene ninguna aplicación ni viabilidad en los carros de la vida cotidiana. Pero sí se chupó el show del FOS 2022.

Para rematar, cabe anotar que había una marca extraoficial en ese mismo sitio impuesta por el VW ID.R, hecho a la medida de la famosa subida de Pikes Peak, en Estados Unidos, en el 2018, y que luego fue a Goodwood manejado por Romain Dumas, en el 2019, calibrada en 39.08 segundos, que el Spéirling mejoró por apenas en 0.82 segundos. 

Cifra

220.000 personas se calcula que asistieron a los 4 días del Festival de la Velocidad y agotaron la boletería. Lo increíble es que, con una semana de diferencia, hubo otra multitud de 400.000 aficionados en Silverstone para la F1.

Datos

“Llevé a mis hijos, a mi abuelo y a mis padres. Es el mejor evento de autos del mundo. No sé cuál sea el segundo, pero en todo caso, estará muy atrás de Goodwood”: Mark Webber, expiloto de F1.

Los dos carros más rápidos en la historia de la subida de Goodwood son eléctricos 100 por ciento. En un ascenso el torque inmediato de estos motores es una enorme ventaja y en distancias cortas las baterías alcanzan dando su máximo rendimiento.

Pueden ver el video oficial en: https://mcmurtry.com/goodwood/

McMurtry Spéirling

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